jueves, 19 de julio de 2007

Trastorno disocial de la conducta

Trastorno disocial de la conducta
Introducción
Trastorno Disocial (conduct disorder)
Reflexiones finales
Bibliografía
I. Introducción
La definición o delimitación conceptual de lo que constituyen los trastornos conductuales es una tarea muy difícil, debido a que son demasiadas y muy complejas las variables implicadas en su manifestación y evolución. Lamentablemente no existe un consenso por parte de aquellos investigadores cuyo centro de interés es el comportamiento humano y aquellos profesionales que se ocupan de la evaluación y modificación de la conducta.
El gran problema que entraña la multivocidad que existe en relación al fenómeno de los trastornos conductuales se relaciona con la dificultad de erigir una praxis adecuada al tratamiento y remisión de tales agrupaciones sintomáticas. En otras palabras si no logramos elaborar un constructo conceptual operacional que, por un lado contenga en su matriz la complejidad de los factores que inciden en la presencia de los trastornos conductuales, y por otro, que aúne las diversas perspectivas de las distintas disciplinas que centran su mirada en el estudio y tratamiento de tales trastornos, las posibilidades de llevar a cabo acciones coherentes y sinérgicas se reducen notablemente y por lo tanto a la acción desgajada y parcializada de profesionales cuyo éxito o fracaso depende de variables de carácter idiosincrásico.
En razón de los argumentos arriba esgrimidos es fundamental comenzar por problematizar el concepto de "trastorno de conducta" enfrentándolo a aquellos elementos que dificultan su delimitación. Para este fin es necesario contar con una definición intuitiva de lo que podría entenderse por trastornos conductuales, para luego, a partir de ella, inferir aquellas variables que serán fundamentales para comprender con mayor profundidad este fenómeno.
Los trastornos de conducta en general constituyen un constructo categorial que aglomera una serie de síntomas referidos a patrones conductuales o estilos de comportamientos considerados "anormales" o "disfuncionales" por parte de un individuo. Pero ¿Cuál es el contenido de éstos comportamientos?, ¿qué tipo de individuo es quien los sufre?, ¿en base a qué criterios se definen como "anormales"?.
Tipos de comportamientos
El tipo de conducta que expresan generalmente estos trastornos son aquellas denominadas conductas disruptivas, y reciben tal nombre debido a que su presencia implica la interrupción o desajuste en el desarrollo evolutivo del niño imposibilitándolo para crear y mantener relaciones sociales saludables, tanto con adultos como con los miembros de su cohorte. El mundo social del niño, o bien se ve muy reducido debido al quiebre de los contactos sociales y por lo tanto deja de ser un ambiente nutricio para la personalidad del niño, o bien recibe de él señales negativas acerca de su persona que minan su autoestima distorsionando la imagen de sí mismo y afirmando contenidos de identidad exógenos derivados del impacto de la estigmatización.
Otro tipo de conductas habitualmente presentes en los niños y jóvenes que sufren este tipo de trastornos son las denominadas conductas de carácter negativo o negativistas y que se relacionan a un tipo especial de comportamiento que desafía los mandatos de los padres o bien de otras personas mayores a quienes tendría que deberle respeto. (ej: profesores, tíos, abuelos, etc.) El niño se comporta de manera insumisa y obstinada efectuando acciones que buscan molestar a las figuras de autoridad (véase trastorno negativista desafiante en el DSM IV-TR, 2002). Este tipo de conductas generan muchas preocupaciones por parte de los padres debido a que por un lado el comportamiento del niño produce un desgaste significativo en la dinámica familiar, principalmente en la relación de pareja, y por otro que los actos rebeldes del niño movilizan una serie de señales sociales negativas por parte de las demás personas con respecto a la creencia en que su conducta se debe al fracaso en la crianza por parte de los padres. Este efecto psicosocial de la conducta del niño se convierte en un estresor psicosocial para la familia a quien, además del problema del niño, se le suma el aislamiento social.
Por último otro tipo de comportamientos que aparecen con frecuencia en los trastornos conductuales son aquellos que encarnan una trasgresión a las normas sociales y que ponen al niño en un abierto conflicto con los estatutos normativos institucionales por un lado, y con los códigos residuales (implícitos) que fundan los vínculos sociales más íntimos, principalmente familiares. Este tipo de comportamientos son los que generalmente desencadenan las peores consecuencias, debido a que un niño en conflicto con las normas sociales puede llegar a ser víctima de la acción institucional de los mecanismos de control social desencadenándose un proceso de institucionalización que terminaría afianzando las conductas perturbadoras del niño como formas cristalizadas en la personalidad.
El tema fundamental del desarrollo evolutivo
El tipo de conductas señaladas son las que generalmente se reconocen en los sistemas de clasificación más utilizados (DSM IV-TR y CIE-10) y por lo tanto aquellas que sirven de guía para el diagnóstico de los diferentes tipos de trastornos conductuales. Sin embargo, es necesario considerar que, tal como lo especifica el DSM IV-TR, los trastornos de conducta forman parte de los trastornos que tienen su aparición durante la infancia y la adolescencia, y por lo tanto el tipo de comportamientos que los niños presenten debe ser cotejado con los procesos concomitantes a su desarrollo evolutivo. No hay que olvidar que muchas conductas que se consideran inapropiadas en una determinada fase del desarrollo no lo son en otra fase. Por lo tanto el eje o prisma para definir la adecuación o inadecuación de un determinado comportamiento debe ser la mirada desde el desarrollo evolutivo normal de los individuos.
"los trastornos de comportamiento y emocionales no son cualitativamente diferentes de los que muestra cualquier individuo en determinados momento de su desarrollo"(Arias B. 2000). En función de este argumento podremos darnos cuenta de que un diagnóstico adecuado de los trastornos de conducta resulta una tarea bastante compleja, debido a que entraña la necesidad de que el profesional que lo lleva a cabo tenga la habilidad de poder diferenciar aquellas variaciones evolutivas que no se encuentran fuera de los límites de la normalidad, de aquellas que conllevan un daño al desarrollo del niño, ya sea por que produzcan una alteración de éste o por que puedan remitirnos a procesos patológicos que dificulten el progreso evolutivo de la persona.
La inclusión de la perspectiva del desarrollo evolutivo en el estudio del comportamiento perturbador conlleva entonces el esfuerzo de penetrar en la ontogénesis de los procesos evolutivos, tanto adaptativos como desadaptativos, y de relativizar las significaciones del comportamiento infantil "perturbado" en el curso del desarrollo filogenético de estos procesos. En palabras más cercanas, nos invita a privilegiar la duda antes que la certeza cuando se trata de hablar sobre lo normal y lo anormal en el periodo de la infancia. No a un relativismo poco fértil a la hora de actuar en la solución del conflicto que causa un dolor concreto y real al niño, sino más bien una invitación a no precipitar constructos teórico-prácticos que si bien puedan servir como herramientas pragmáticas, terminen por movilizar otro tipo de acciones y consecuencias (ej. jurídicas, legales, sociales, terapéuticas, etc.) que conlleven otro tipo de perturbaciones no consideradas hasta entonces.
El problema de la anormalidad
En la definición intuitiva de lo que es un trastorno de conducta mencioné la palabra "anormales" destacándola con comillas haciendo alusión a los patrones de comportamiento a la base del trastorno de conducta. Para tener una idea clara de lo que es un trastorno conductual entonces el concepto de "normalidad" constituye un corolario insoslayable. Cito nuevamente a Benito Arias "...cualquier intento de intervención sobre los problemas de comportamiento que pueda presentar un individuo en edad escolar, implica la habilidad de distinguir entre trastorno como anormalidad y las reacciones normales a los eventos estresantes del ambiente y otros problemas que no son patológicos..."
Hablar de normalidad o anormalidad es en esencia hablar de criterios, de puntos de vista, de consensos por lo que brevemente explicaré cuáles son los criterios más utilizados y cuales son sus énfasis.
Existe la inclinación a considerar como normales aquellas conductas que se dan con mayor frecuencia entre la población, en el caso que nos interesa, en la infancia, esto es entender la normalidad como media y constituye el modelo estadístico comúnmente conocido que utiliza como base un criterio dimensional frecuencial, en este sentido aquella conducta que es anormal, lo sería en esencia por el alejamiento de la curva normal en la ejecución de un comportamiento, o sea su grado de varianza. La gran crítica que se le plantea a este modelo es que no considera los extremos, tanto los "infradotados" y los "superdotados" se alejan de la normalidad, y por otro lado que homologa la diferencia con la anormalidad, y como es sabido no siempre ser diferente implica ser anormal.
Otro modelo o criterio de distinción entre lo normal y lo anormal es considerar la normalidad como ideal, este criterio deviene de una vertiente psicoanalítica de acuerdo con la cual la normalidad integral constituiría una utopía, un ideal que se pretendería alcanzar, pero que nunca se alcanzaría. El peligro y dificultad que entraña es la sobrepatologización de la realidad humana y su poca funcionalidad para diferenciar normalidad de anormalidad en el continuo que supone.
Otro criterio constituye en concebir la normalidad como ajuste en referencia a que supone en los individuos la capacidad de adaptación del sujeto a su medio, relegando todo aquello que dificulte el fortalecimiento de los vínculos de las personas con el medio que le brinda protección y salud al plano de la patología. Desde esta perspectiva anormal sería todo aquello que se volcara en contra del encuentro armónico entre el hombre y su entorno. el peligro que subyace a este criterio es la elevación del concepto de la adaptación al plano de la plenitud y el equilibrio sin considerar que muchas veces la sobreadapatación puede constituir una patología en sí misma, debido a la pérdida de creatividad que conlleva el sobreconsenso, o la absolutización de la norma colectiva como moral y ética individual.
Desde estas tres formas generales de entender las distinciones entre lo normal y lo anormal se desprenden los criterios que se desarrollan en el plano más cercano del diagnóstico de los trastornos conductuales. Sólo por considerar algunos puedo nombrar, el sufrimiento personal que implica la percepción del propio sujeto respecto al sufrimiento que le produce su problema; la falta de adaptación; irracionalidad de la conducta; sensación de malestar del evaluador; condición biológica; violación de códigos implícitos; inadaptación a roles sociales, etc. (B. Arias, 2000).
Tal vez es necesario aclarar ahora que estos criterios no son suficientes al momento de realizar un diagnóstico, por lo tanto es fundamental realizar algunas consideraciones o principios que nos orienten a utilizar estos criterios de la mejor manera posible, tratando de encontrar un equilibrio entre la parsimonia y la exhaustividad.
La primera consideración es que ningún elemento aislado puede ser considerado necesario para definir una conducta anormal, en otras palabras no basta con la presencia de uno sólo como fundamental, por lo general su acción sinérgica es la evidencia del trastorno. En este mismo sentido la segunda consideración sería que ningún elemento sería suficiente por sí mismo para definir un trastorno de conducta. Una codificación de anormalidad debe implicar la presencia de una combinación de distintos criterios lo cual sería otra consideración, también hay que agregar que ninguna conducta es por sí misma anormal, deja de tener sentido sin la valoración del contexto,. Por último es necesario comprender que la conducta humana es dimensional, o sea que cualquier acción llevada a cabo por una persona se inscribe en más de un eje dimensional, Frecuencia, cantidad, calidad, intensidad, etc. y que por lo tanto una visión más simple, con menos intersticios constituiría una visión tubularizada sin bases en la naturaleza compleja del ser humano.
Por qué tanta importancia a estos temas introductorios en relación al trastorno, específicamente disocial que veremos ahora. Simplemente porque la función del psicólogo es buscar la salud mental integral de las personas con las que trabaja, su acción debe ser una acción consciente y valórica cuya premisa debe estar fundada en el valor a la vida, en el respeto por lo demás y por él mismo. Llevar a cabo una trabajo tan delicado con niños, teniendo herramientas (¿armas?) tan poderosa como la posibilidad de diagnosticar, de comprometer un juicio profesional en función de la normalidad o anormalidad de una persona requiere de un ejercicio reflexivo e incesante. El futuro de los chicos con trastorno Disocial no es alentador según las cifras. Estos chicos en gran medida continúan escaladas delictuales cada vez mayores, es necesario cuestionar nuestras propias prácticas, no vaya a ser que ingenuamente, pero no menos irresponsablemente, terminemos colaborando con el destino adverso que promete no dejarles más vías que las de la violencia y la marginalidad.
II Trastorno Disocial (conduct disorder)
El trastorno disocial forma parte de lo que el DSM IV-TR especifica como uno de los trastorno de aparición en la infancia y la adolescencia, encontrándose en el subgrupo de los trastornos de la conducta perturbadora junto con el TDAH (trastorno por déficit atencional con hiperactividad) y el trastorno negativista desafiante.
Su principal rasgo constituye el ser un "un patrón de comportamiento persistente y repetitivo en el que se violan los derechos básicos de los otros o importantes normas sociales adecuadas a la edad del sujeto"(criterio A DSM IV-TR año 2000) se trata por supuesto de desviaciones cualitativa y cuantitativamente más pronunciadas que la simple "maldad infantil" o la "rebeldía adolescente". Por lo general implica la participación consciente por parte del niño o adolescente en actos que involucran un conflicto con la normativa social o con los códigos de convivencia implícito en las relaciones en sociedad.
Los tipos de comportamientos que se presentan en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM IV-TR) pueden ser operacionalizados en cuatro categorías o agrupaciones:
comportamientos agresivos:
inicio de peleas
portar armas
actos crueles contra personas
contra animales
robo con violencia
violaciones
raras veces homicidio
2. comportamientos no agresivos con daño a la propiedad privada. (no hay daño a personas)
ocasionar incendios
romper vidrios
dañar automóviles
actividades vandálicas en la escuela
daño a la propiedad pública y privada en general
fraudes o robos.
mentiras
timos
falsificaciones
romper compromisos y promesas para sacar provecho
hurto
robos a tiendas
violaciones a las normas
normas escolares
cimarras (huídas de clases)
normas familiares
fugas
ausentismo laboral (en mayores)
sexualización de la conducta
ingesta de alcohol y drogas
La presencia de un trastorno disocial implica un daño a la actividad normal del sujeto, esto se relaciona a lo que el DSM especifica como un deterioro clínicamente significativo en las actividades (escolares, sociales, laborales) del sujeto, situación que se convierte en el principal factor de reproducción de las conductas perturbadas de los sujetos. El mundo se va volviendo progresivamente hostil y el niño que padece un trastorno disocial va captando esas señales y las va incorporando. El ser "malo" se construye socialmente y por lo general responde a una forma en que el sujeto busca defenderse de ese afuera que no lo considera o lo condena. Principalmente en los niños las implicancias sociales de su conducta constituyen el vuelco de considerar el espacio social como una fuente nutritiva para su desarrollo, a representar todos los valores que lo niegan como ser humano, la no aceptación de su etiqueta de infrahumanidad lo induce a identificarse progresivamente con valores "contraculturales" en abierta oposición con los escolares- institucionales y familiares.
Subtipos de Trastorno Disocial
El Trastorno Disocial tiene doble inicio; por un lado se encuentra aquella forma de trastorno que tiene su inicio en la infancia, subtipo inicio infantil, específicamente en la infancia media (5-6 años), para su diagnóstico se requiere que por lo menos una característica del trastorno esté presente antes de los 10 años. Por lo general es antecedido por el trastorno negativista desafiante. Aquí hablamos más bien de un continuo que encuentra sus primeros contenidos de conducta en la oposición y desafío a las figuras paternas de autoridad y que una vez que se ingresa al sistema educativo se generaliza a otras figuras de autoridad y comienza a adquirir nuevos contenidos. El enfrentamiento con reglas exógenas a las familiares puede ser un duro golpe para un niño, y muchas veces pueden aparecer conductas de tipo perturbadoras como protesta frente a los cambios drásticos del contexto, por lo general estas conductas declinan y deviene el proceso adaptativo. Sin embargo, en no pocos casos el niño continúa sus protestas y actos de insumisión iniciando la escalada de conductas disruptivas y etiquetamientos sociales.
Por lo general el trastorno con inicio en la infancia implica niveles más elevados de agresividad, debido, seguramente, a que al ser el nivel de conciencia menor en el caso de los niños respecto de las consecuencias y efectos sociales de su comportamiento, las conductas son incorporadas de manera menos elaborada como formas de comportamiento habitual. Frente al rechazo, el niño no sospecha que su conducta es el objeto en cuestión, sino que todo él en su integralidad, el niño no cuestiona su conducta como conflictiva o negativa, ni busca cambiarla, porque muchas veces no tiene conciencia de que es ésta la increpada y no él en su totalidad. El rechazo en el niño se vive de manera más totalizada, dañando su autoestima, su capacidad de entablar relaciones saludables con pares y adultos, de ser feliz con el contacto. Contrariamente, el rechazo al no suspender la conducta hostil y agresiva del niño tiende a aumentarla, el niño combate el aislamiento y rechazo social con una mayor agresividad, la agresividad constituye una coraza que lo va desmoronando por dentro. El niño es presa de un círculo vicioso que le cierra poco a poco los lazos con el mundo, y surge entonces otro mundo, el de la contracultura, donde el niño encuentra comprensión, apoyo y valoración.
La fórmula que nos permite entender el curso desfavorable de este subtipo de trastorno disocial es:
AGRESION + RECHAZO SOCIAL à ESTABILIDAD CONDUCTA PERTURBADORA
Por lo general el Trastorno Disocial de aparición en la infancia se da más en varones, cursa con mal pronóstico y en una gran parte de sus casos degenera en un trastorno antisocial de la personalidad.
Una segunda forma tiene su inicio en la denominada primera adolescencia, subtipo de inicio en la adolescencia (11, 12 o 13 años) su diagnóstico implica la falta de presencia de cualquier característica del trastorno antes de los 10 años de edad y por lo general se le asocia a los cambios provocados por la pubertad. Una gran cantidad de las conductas que aparecen en esta etapa no difieren en demasía de las que muchos adolescentes mantienen en el camino hacia la búsqueda de su identidad, para la cual la oposición a las normas sociales constituye una prueba de los límites del individuo en la construcción y reafirmación de la personalidad. Muchas veces una conducta es enjuiciada de normal o anormal a esta edad en función de la tolerancia que presentan los padres o cuidadores para enfrentar estas conductas. Es necesario pedir información a distintas personas para tener una idea más acabada de la forma y fondo de la conducta perturbada y no limitarse a inferir unívocamente en base a comentarios parcializados de alguna de las partes. También es bien sabido el estigma que pesa sobre esta edad como una etapa conflictiva y pareciera ser que no muchas personas están dispuestas a aceptar que los conflictos adolescentes interrumpan sus cómodas y apacibles vidas. Es necesario entonces indagar acerca de las representaciones sociales que están asociadas a los actos disruptivos de los niños y los adolescentes para saber cual es el fondo social con el cual se deben contrastar nuestros diagnósticos.
El subtipo de Trastorno Disocial de inicio en la adolescencia se caracteriza por tener un mejor pronóstico, lo cual puede deberse a que en muchos casos la oposición o disrupción no implica una cristalización interna de la conducta agresiva, sino más bien una exteriorización de la agresividad presente en el joven. Por lo general se observa un mejor nivel de relaciones en los adolescentes. Esto es fundamental debido a que se configura como un elemento de mucha importancia en un pronóstico de remisión, en este sentido la posibilidad y facultad de mantener relaciones sociales implica un factor positivo dado que el joven no ha perdido esta facultad, sino más bien la ha movilizado hacia relaciones menos convenientes socialmente. Esto permitiría trabajar con el joven en el área de las relaciones interpersonales. Bien podría no ser necesaria una intervención, en cuyo caso, el cause natural de los eventos posibilitaría al adolescente reencontrarse con el desarrollo de normas de conductas fundadas en relaciones nutritivas. Es necesario especificar que algunos grupos contraculturales o antisistémicos son tildados de antisociales por una razón política. En este sentido es necesario limpiar la noción de diagnóstico para que no se preste como una herramienta política al servicio de un determinado orden social. Si esto se puede lograr o no es tema de otra investigación, por ahora bástenos la advertencia.
En resumen el subtipo de inicio en la adolescencia no tiene una diferenciación tan determinada entre hombre y mujeres como en el subtipo de inicio en la infancia. Existen a su vez menos conductas de tipo agresiva y a su vez las conductas y el trastorno en sí es menos persistente, o sea tiende en gran medida a su remisión en la adultez.
Prevalencia
Se ha producido un incremento durante las últimas décadas principalmente en los núcleos urbanos, lo cual puede estar relacionado al deterioro progresivo de la calidad de vida en las ciudades. Desde el surgimiento y auge de las ciudades durante fines del XVIII y comienzos del XIX se ha producido un proceso de poblamiento incesante, debido a la migración de personas del campo a la ciudad, debido a las posibilidades laborales que brindaba el surgimiento de una naciente clase burguesa (de la ciudad) que demandaba mayor mano de obra y de servicios, etc. Durante el siglo XX el enclave estratégico de la ciudad fue adquiriendo características de sobresaturación, esto significó que se produjesen diferenciaciones socioterritoriales al interior de la ciudad de manera concéntrica en función de los sectores más poderosos y los terrenos más saludables, así los mejores territorios fueron ocupados por las personas ricas y el resto de los territorios fueron ocupados por las demás personas ubicándose a los alrededores en terrenos de menor calidad. Esta diferenciación se tradujo posteriormente en diferenciación en accesos a servicios, alimentación, educación, etc. y es un proceso cuyas extensiones todavía se acomodan en nuestra sociedad. Existe una gran cantidad de gente excluida del acceso a los beneficios de la ciudad, hacinamiento, ruidos, smog, atochamientos, etc. Todo esto se traduce en mayores niveles de strees, difusión de limites familiares, culto al hedonismo debido a la hipervalorización de lo privado en desmedro de lo público, la sobreinformación, etc. hoy el vórtice que genera la vida moderna es abrumador y demanda muchas exigencias a las familias actuales, exigencias que muchas veces son imposibles de cumplir.
Se cree que a nivel de la población general la prevalencia de los trastornos disociales alcanza desde un 1% hasta un 10%. Es bastante más frecuente en hombres que en mujeres, la proporción sería de más o menos 4:1.
Se estima que en los varones la prevalencia es de entre un 9 y un 16 %, y entre las mujeres sería de entre un 2 y un 9%. También es importante considerar la existencia de características diferenciadas en el tipo de conductas que muestran mujeres y hombres para establecer diferenciaciones de género en el fenotipo de estos comportamientos.
En los varones suelen presentarse comportamientos con un mayor grado de agresividad que en las mujeres incurriendo frecuentemente en robos, peleas vandalismo y problemas de disciplina escolar. Pareciera ser los contenidos de las conductas disociales son modulados socialmente, en tanto que la socialización de los roles de género cuenta con diferencias en la orientación de las actividades según los sexos. Se ha identificado en este sentido que los niños son orientados a tareas más activas que las mujeres, las que por el contrario son orientadas a actividades de carácter más pasivas. Esta tendencia ha tendido a disminuir en la medida en que se han debilitado las diferencias entre los roles de género en nuestra sociedad, y hoy día es cada vez más evidente la incursión de niñas en acciones más activas y en el caso de las niñas con Trastorno Disocial conductas con un mayor correlato de agresividad.
Sin embargo, en la mayoría de los casos las mujeres aún son socializadas en una pauta un tanto más pasiva que la de los niños varones, por lo que se explica la ausencia de conductas de agresividad abierta en las niñas con Trastorno Disocial. Sin embargo el nivel de "agresión" que existe en las conductas de las niñas no deja de ser elevado, pero con una forma de expresión más sutil, por ejemplo muchas niñas utilizan el rechazo social como forma de acción dañina hacia sus compañeras. El nivel de violencia implícito en estas conductas es comparable con el daño de la agresión abierta expresada por los niños varones, o bien algunas veces puede llegar a ser peor. Otras conductas desarrolladas por las niñas pueden ser; mentiras, ausentismo escolar, consumo de tóxicos y prostitución.
Los niños están mucho más expuestos a ser víctimas o victimarios en acciones de violencia explícitas, por lo tanto es también mucho más notorio en el sistema institucional, a diferencia de las niñas que se ven envueltas en formas de agresión disimuladas y sutiles que hacen más difícil aún detectar su presencia. Esta puede ser una variable importante a la hora de reflexionar en torno a la prevalencia de este trastorno. Algo sí es muy claro, este trastorno constituye uno de los más diagnosticados en los contextos de desarrollo infantil, por lo que constituyen una problemática de bastante interés en los investigadores y profesionales de salud y educación.
Síntomas Asociados al Trastorno Disocial.
En los chicos que presentan este tipo de trastorno suele evidenciarse una falta de empatía, que en muchos casos se relaciona a una falta de conciencia con respecto a las dimensiones de las consecuencias que sus actos tienen en los demás. Tal vez es necesario indicar que esta falta de conciencia se relaciona menos con dificultades de tipo psicótico que con procesos del desarrollo evolutivo que no han tenido una maduración suficiente. En algunos casos los niños experimentan distorsiones con respecto a las intenciones que proyectan en los demás a partir de sus acciones, o sea muchas veces el niño atribuye intenciones negativas a los actos de los otros niños o personas que no necesariamente tienen esa intención, esto se debe principalmente a procesos de enseñanza-aprendizaje provenientes del plano familiar. En este caso existiría un aprendizaje de un determinado sistema de valores y creencias que induciría al niño a actuar con estereotipos negativos hacia los demás, lo cual podría encontrar su explicación en sistemas autoritarios de crianza o bien es pautas distorsionadas o abusivas. Es necesario aquí también diferenciar este tipo de distorsión cognitiva aprendida, de las distorsiones típicas de trastornos del pensamiento y la conciencia. Este complejo sistema de creencias idiosincrásico tiene su base en las experiencias tempranas del niño y actúa como paradigma justificativo de la violencia o la conducta agresiva. Es decir, ante a un sistema hostil frente a mí, actúo con hostilidad (hostilidad responsiva). Hago énfasis en esto dado que, no comprender cuál es el papel de los sistemas de creencias en la presencia de conductas agresivas nos induce a un diagnóstico totalizador, sesgado e irresponsable.
Otro síntoma que cobra materialidad en el Trastorno Disocial es la falta de culpa. El niño no siente remordimientos por sus actos los cuales cuentan para él con una justificación legítima, "le pegué porque me molestó" el evento no cobra más dimensiones que esas. En otras palabras, pareciera ser que además el niño que sufre un trastorno disocial actúa basándose en la ley de la totalidad, sin importar la intensidad del acto que molesta al niño la respuesta es total e inmediata. En muchos casos el niño aprende a utilizar la culpa fingida para aminorar el castigo, esto se puede concebir como una culpa instrumental debido a que utiliza la emoción fingida para evitar o amortiguar el castigo. Otras veces los niños acusan de sus actos a sus propios compañeros generando quiebres a lealtades implícitas, utilizan la coerción para evitar que los delaten, o cualquier artimaña para no enfrentar el castigo.
Es especialmente relevante el conflicto con la autoestima a que se ve enfrentado el niño debido al aparato social-institucional que entrega señales negativas acerca de él, un claro ejemplo es el fracaso académico que conlleva la etiqueta de niño burro, o bien el rechazo en los juegos, las palabras hirientes del profesor, etc. Hablamos antes que muchas veces la escalada de agresión es tributaria de la necesidad de defenderse frente a este mundo hostil que lo rechaza.
Los niños con Trastorno Disocial, por lo general tienen poca tolerancia a la frustración, actúan de manera impulsiva y no suelen asumir internamente la responsabilidad de sus actos. En muchos casos el trastorno cursa con un aumento en la promiscuidad, sexualizando las conversaciones, instigando sexualmente a sus compañeros, etc. Se debe, en este sentido, indagar bastante acerca de las condiciones de vivienda del niño, dado que en casos de hacinamiento esta sobreinquietud sexual es algo normal, o en patrones sexualizados de crianza.
En muchos niños y adolescentes con Trastorno Disocial cobra relevancia la presencia de la ideación suicida que está muy relacionada con el malestar concreto y real que siente el niño al ver como el mundo de sus relaciones sociales se aleja y lo hacen sentir mal, el rechazo social, el aislamiento, la crisis familiar, el deterioro de la calidad de vida del niño, son motivos bastante fuertes como para querer o bien pensar en la idea de la autodestrucción. Ellos sienten que no hay lugar para ellos en el mundo y precisamente esa es la señal que constantemente nosotros les estamos enviando.
Consecuencias Derivadas de un Trastorno Disocial
Una de las consecuencias más terribles para el desarrollo del niño la constituye el alejamiento del sistema escolar. Esta deserción escolar constituye un sino trágico en la vida del adolescente, debido a que este alejamiento constituye el primer paso hacia los valores contraculturales. La marginalidad del sistema social integrado produce estrategias alternativas de socialización, y de autovaloración, que por lo general se ubican en aquellas culturas que se erigen en la periferia del sistema. Con esto no se niega que muchas veces la presencia de grupos contraculturales puedan conseguir el control del dominio y volcar la matriz valórica hacia su dirección, sucedió así en el siglo XVIII con las revoluciones Francesa y Norteamericana, sino más bien confirma la existencia de grupos contraculturales que profitan del orden social dominante sin una propuesta de control, sino el mero desprecio infértil o la indolencia sosegada de los dominados en silencio.
Muchas niñas comienzan a mantener relaciones sexuales a temprana edad, o bien comienzan a descubrir, primero por desafío a las reglas después por necesidad, que pueden obtener un beneficio económico de esto. La prostitución es una consecuencia bastante común en niñas que sufren este tipo de trastornos con la consecuencia secundaria, pero no menos importante, del embarazo adolescente. Las niñas que deciden quedarse con sus hijos difícilmente logran darle algún bienestar, otras los abandonan condenándolos a una vida institucionalizada y muchas veces precaria.
Una gran cantidad de casos degeneran en trastornos por abusos de sustancias o en conflictos serios con la justicia esto desencadena la acción judicial de las instituciones pertinentes, desarrollándose un proceso denominado proceso de inadaptación social que implica la adquisición de un ethos personal construido en base a una carrera erigida en la institucionalidad primero y en la criminalidad después. Existe una apropiación subjetiva del "título" de delincuente, en este caso la categoría o cuerpo conceptual de "judicial" encarna en un sujeto que asume esta categoría como una señal interna de identidad. Este es un proceso irreversible y por lo tanto el camino final hacia una vida destinada a la antisocialidad. ( Valverde 1996)
Factores de Riesgo o Predisposición para el Trastorno Disocial
Familias desestructuradas: muchas veces la falta de precisión en la definición de los límites al interior de la familia genera confusiones en la adquisición de valores en el niño y en el desarrollo moral. El fracaso en las pautas de crianza familiares que no logran imponer límites a la conducta de los niños puede generar choques de gran intensidad entre el corpus normativo familiar y el corpus normativo escolar, lo que se puede traducir en un niño desorientado y confundido en función del cómo actuar adecuadamente. Las señales contradictorias son resueltas de la forma menos compleja (la insumisión) aunque el costo de esta decisión pueda traer consecuencias devastadoras.
Incompetencias parentales: es indudable que el estilo de enseñanza de los padres es fundamental en la adquisición de patrones comportamentales en los niños. Así, ordenes claras y consistentes permitirán al niño el tener una noción coherente de lo que le piden. El tratar de respetar los castigos, la no contradicción por parte de los padres, el reforzamiento positivo y negativo en las situaciones oportunas en que sean necesarias, son todas acciones que pueden favorecer el surgimiento de formas conductuales adaptativas en los niños. Por supuesto la falta de estas garantías genera conductas distorsionadas y no adaptativas en los diferentes contextos en los que el niño se desenvuelve.
Carencia de vigilancia: se entiende esta como la falta de control con respecto a la situación en la que el niño se encuentra, por ejemplo saber con quién está, dónde está, qué está haciendo, etc. Sin la posibilidad de saber responder a estas preguntas es muy complejo tratar de detectar cuáles son las variables que están perjudicando el desarrollo del niño. Muchas veces el seguimiento del niño no es posible porque ha sido una estrategia que ha producido quiebres con el niño y por lo tanto se percibe el alejamiento con los padres como una situación inevitable, otras veces el alcoholismo de algunos padres o algunas enfermedades mentales no les faculta para poder desarrollar este proceso de control, o bien los padres se encuentran muy enfrascados en su situación de pareja (ej. conflictos matrimoniales) y no le prestan la suficiente atención a los procesos del niño, etc.
Diagnóstico diferencial
Trastorno Negativista Desafiante:
Si bien es cierto el Trastorno Disocial comparte varias características con este trastorno en este no se incluye el patrón persistente de agresión, ni violación de los derechos básicos de los demás. En el caso de que se cumplan las características para el diagnóstico de ambos trastornos se debe diagnosticar Trastorno Disocial.
Trastorno por Déficit Atencional con hiperactividad (TDAH):
Este trastorno involucra la presencia de un comportamiento hiperactivo que puede ser perturbador, pero que sin embargo no suele violar las normas propias de la edad. En caso de que se cumplan los criterios para ambos trastornos se deben diagnosticar ambos.
Trastornos del Estado de Ánimo:
Es muy probable que, o bien los Trastornos del Estado de Ánimo constituyan un correlato de la presencia de un Trastorno Disocial o viceversa, que los trastornos de conducta se deriven de un trastorno del estado de ánimo de base. Ante la presencia del cumplimiento de ambos, se deben diagnosticar los dos.
Trastorno Antisocial de la Personalidad:
Este trastorno puede presentar conductas muy similares y por lo general es el curso normal de los trastornos disociales, sólo se diagnóstica después de cumplido los 18 años, en cambio el Trastorno Disocial rara vez comienza después de los 16 años.
Tratamientos para el Trastorno Disocial
Debido al carácter heterogéneo tanto de la etiología como de la manifestación de las conductas disociales, no existe un tratamiento exclusivo del mismo, pero sí una serie de programas y tratamientos que pueden contribuir a su remisión o amortiguación.
Formación para padres
"...La formación para padres está entre los enfoques con más éxito para reducir los comportamientos antisociales y agresivos en los niños y adolescentes..." (Rita Wicks-Nelson, 1997) este tipo de programas se implementa con el objetivo de producir cambios en las estrategias de enseñanza parental con el fin de revertir, pero principalmente prevenir la aparición de conductas disruptivas. En esencia el tratamiento consiste en enseñar a los padres a dar órdenes directas y concisas tratando de privilegiar la claridad del contenido, en tonos no amenazantes. Se enseña también a ser paciente con los ritmos del niño y no mandarlo a hacer cosas sin darle el suficiente tiempo para cumplir la orden, si el niño es siempre interrumpido es muy difícil que comprenda el sentido de las ordenes y que se acostumbre a obedecerlas. Es necesario considerar que cierto nivel de oposición por parte del niño es buena porque le ayuda a descubrir sus propios límites y potencialidades, por lo que no se busca anular la capacidad del niño de rechazar una orden cuando está basado en la adquisición de conceptos y juicios de valor como por ejemplo la justicia.
Terapia comunitaria
Este modelo terapéutico tiene como objetivo evitar la estigmatización de los pacientes e integrarlos en los grupos de niños sanos. Este tratamiento busca generar la aparición de conductas prosociales por parte de los niños que sufren el T.D. a través de juegos, música, dinámicas, deportes, etc. Además posibilitan un espacio de canalización de energías e intereses que los hacen sentir participantes, aceptados y valorados.
Terapia familiar.
Este tipo de modelo terapéutico tiene como objetivo modificar patrones desadaptativos de interacción y comunicación entre los miembros de la familia. Busca el fortalecimiento de vínculos sanos e íntimos entre los miembros, evitando el aislamiento, la culpabilización, etc. Es complejo lograr el éxito en muchas familias debido a que en muchos casos se requiere reconstruir el tejido relacional de la familia, lo cual es un problema de solucionar a largo plazo, pero por lo menos sirve para reforzar los cambios logrados por el niño.
Entrenamiento en habilidades sociales y resolución de problemas
Se funda en la noción de que el niño es capaz de reconocer y resolver las situaciones conflictivas que se presentan en su vida. Se busca potenciar habilidades socioemocionales de los pacientes, con la guía de un profesional se resuelven problemas reales o simulados buscando siempre nuevas alternativas en esta solución. Los niños a través de rol playing u otras técnicas logran implementar un repertorio de conductas más extenso.
III. REFLEXIONES FINALES
Trastornos de conducta en el ámbito escolar
El primer punto a considerar es la dificultad que existe en la comunicación entre los profesionales de la salud mental y los de la educación. Definitivamente pareciera ser que ambos mundos se encuentran divorciados por los celos de sus objetivos disciplinares.
Es fundamental incrementar el desarrollo de vías o canales de comunicación interdisciplinarias con el fin de favorecer el intercambio de comunicación entre estos dos contextos. Así los informes por parte de psicólogos deberán ser sumamente claros, sin tantos tecnicismos, lo cual podría posibilitar traducir esos informes psicológicos en programas educativos especiales.
El concepto de Necesidades Educativas Especiales (NEE) constituye una herramienta conceptual muy apropiada para intervenir a nivel educativo en los casos de niños con trastornos de conducta, debido que su función principal es orientar sobre aquellos déficit en el área del aprendizaje por parte de los chicos que sufren distintos trastornos, por lo que se orienta a los problemas del área educativa.
"Un alumno tiene una necesidad educativa especial cuando presenta algún tipo de problema que influye negativamente en su aprendizaje, lo que implica hacer modificaciones en los recursos materiales; didácticos y personales para superar su dificultad" (Juaquín Díaz Atienza, 2001) Desde esta perspectiva se da relevancia a la particularidad de los niños con trastornos de distinto signo. No es el trastorno en sí el que importa sino su relación con los procesos educacionales involucrados. El concepto de NEE apunta a descubrir cuáles son las competencias involucradas en los problemas educacionales que presenta el niño y luego destina sus esfuerzos a fortalecer dichas competencias, entendidas éstas como habilidades, procesos y resultados asociados a la eficacia en la adaptación ambiental. En el caso particular del Trastorno Disocial, las competencias involucradas serían aquellas ligadas a las conductas relacionadas al cumplimiento y aceptación de las normas sociales propias de la edad.
Bibliografía
Asociación Americana de Psiquiatría (2000)."Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales texto revisado" (DSM IV-TR).Ed. Masson. España. Barcelona
R. Wick-Nelson, A. Israel (1997). "trastornos disociales" pag. 175, cap 8. Prentice hall.
B. Arias (2000). "concepto de los trastornos de conducta" Departamento de Psicología, Universidad de Valladolid.
J. Díaz (2001). "problemas de conducta en la infancia o la LOGSE en el diván" Revista de Psiquiatría y Psicología del niño y el adolescente, vol 1 Nº 1.

lunes, 28 de mayo de 2007

Enuresis(mojar la cama)

Enuresis: Se denomina asi a la persistencia de micciones inapropiadas más allá de los 5 años de edad.Enuresis nocturna: Es la presencia de micción anormal durante el sueño no acompañado de otros síntomas urinarios En general se relaciona con control adecuado de la miccion durante el día.Consulte con el pediatra del niño si su hijo sufre de este sintoma
En Argentina alrededor de 500.000 chicos mayores de 5 años mojan la cama de noche.
9 de 10 que hoy mojan la cama lo seguirán haciendo el año que viene.
7 de cada 10 enuréticos tienen un hermano/a o padre con historia similar.
Debajo de los 13 años, los varones que mojan la cama duplican a las mujeres.
85% de los padres reconoce que mojar la cama repercute en la autoestima de su hijo.
1/3 de los padres atribuye el mojar la cama a "vagancia" para ir al baño. Sobre el Control de Esfínteres El control de la vejiga (control vesical) es un proceso que requiere que el niño tenga conciencia sensitiva de que su vejiga está llena. También requiere de capacidad para almacenar y contener, y una experiencia positiva en el entrenamiento.La mayoría de los niños con enuresis presentan sólo enuresis nocturna.Menos del 5% de los niños tienen una causa orgánica que deberá ser investigada por los doctores.Existe un ligero predominio de Enuresis en el sexo masculino. La causa de la enuresis nocturna no está totalmente aclarada hasta la fecha aunque existen varias hipótesis que hablan de un problema multifactorial. Estos factores son los que se evalúan a la hora de decidir una terapéutica acertada.
GenéticosLa mayoría de los niños con Enuresis Nocturna presentan antecedentes de familiares cercanos con el mismo síntoma durante la infancia.Si un padre tuvo enuresis nocturna las posibilidades para que un hijo presente la enfermedad es de entre 40 a 45 %.Si ambos padres padecieron enuresis nocturna las posibilidad que un hijo la presente aumenta a 70% aproximadamente.
Poliuria nocturna:Producción aumentada de orina durante la noche.Frecuentemente está asociada a la alta ingesta de líquidos por parte del niño/a.Algunos niños con enuresis nocturna presentan una deficiencia o falta de hormona antidiurética durante la noche.El tratamiento médico de esta situación es a través del uso de un medicamento: Desmopresina Via Oral
Trastornos del despertar.Durante el sueño el niño no reconoce la sensación de vejiga llena, lo que hace que no se se despierte y levante de la cama para orinar en un sitio apropiado.Aparentemente existe un patrón de maduración con reconocimiento progresivo de la vejiga llena por el Sistema Nervioso Central y control del reflejo de la micción.Hacia los 5 años de edad la gran mayoría de los niños asocia la vejiga llena con la "sensación" cerebral de vejiga llena (se dan cuenta).
Retraso en la maduraciónLa adquisición de pautas madurativas en los niños presenta gran variabilidad dentro de los rangos de normalidad.A los 5 años el 15% de los niños moja la cama ocasionalmente y aproximadamente el 10% lo hace a los 6 años.El sistema nervioso central puede aún no reconocer la sensación de vejiga llena y su respuesta correspondiente (control esfinteriano)
Capacidad vesical disminuidaAlgunos niños pueden presentar poca capacidad vesical.Un dato a tener en cuenta en estos niños es la presencia de micciones frecuentes durante el dia, con varios episodios enuréticos durante algunas noches.Este cuadro debe ser evaluado por un especialista en Urología Infantil para determinar si en efecto presentan esta condición vesical.
Trastorno psicológico: NO existe un trastorno psicológico como causa de enuresis nocturna como suele ocurrir con la enuresis diurna o en la enuresis mixta.Es importante reconocer que la enuresis nocturna puede llevar a presenter problemas piscológicos como conesecuencia del mojar la cama.Estos niños pueden manifestar baja estima personal y la familia de los niños afectados expresar síntomas de estrés y ansiedad que también deben ser cuidadosamente atendidos.Ante todo tratamiento a implementar, es muy importante el conocimiento del problema del niño y su situación familiar.El tratamiento deberá tener en cuenta todas las posibles causas (genéticas, retraso madurativo, problemas del despertar, etc.) y la edad del niño.En base a todo esto el pediatra de cabecera adecuará la estrategia terapéutica.Medidas a realizar según edad del niño que moja la cama (enuresis nocturna) Niños de entre 5 a 8 añosNiños de entre 8 a 11 añosNiños mayores de 12 añosTratamiento en niños de entre 5 años hasta los 8 años1- Tanto el niño como sus padres deben mantenerse tranquilos y ser informados adecuadamente sobre las causas probables de la enuresis nocturna. 2- No culpar ni retar al niño, ni tampoco ridiculizarlo frente a sus hermanos o pares.3- El tratamiento habitualmente en este grupo no requiere de tratamiento medicamentoso pero eso se define según cada cuadro en particular.A esta edad el tratamiento está orientado a dos acciones:a - Motivación positivab - Modificar comportamientos a - Motivación positivaExplicar al niño de que se trata la enuresis, responder todas sus dudas, darle tranquilidad sobre el buen pronóstico general que tiene este cuadro. Acompañarlo con afecto en durante la duración de todo este proceso.Calendario de Enuresis: confección de un calendario en el cual se indica que sucede cada noche.Por ejemplo, dibujar un sol en los días secos y una nube con lluvia en los dias mojados; cuanto más dibujos de sol se encuentren significan mayor cantidad de días secos, por lo cual el niño se verá motivado.
Dibujo de Martina-5 años 7 meses-Aquellos niños que presenten más días "nublados" deberán de todas maneras ser contenidos y considerar la realización del calendario como un "juego positivo".Entrenar al niño todos los días para disminuir la ingesta de líquidos antes de acostarse y orinar antes de ir a dormir. El niño debe participar en estas decisiones.Si el niño se mojó debe participar en la limpieza de su cama y su higiene personal (NO como una forma de castigo sino como el hecho natural de haber mojado la cama)b - Modificar comportamientos
Consiste en el entrenamiento para no mojar la cama y el condicionamiento a través del uso de alarmas específicas de enuresis.El entrenamiento se basa en:
Conocer sobre los puntos básicos sobre la maduración neurológica, control vesical, control de esfínteres, etc.
Despertar al niño a horarios progresivos. Si se mojó hacer que se cambie la ropa o bien si desea orinar que lo haga en el sitio apropiado.El entrenamiento se combina con el uso de alarmas. Aquellos casos en los cuales el costo de la alarma de enuresis le sea elevado puede ser reemplazado por un despertador común.
Niños de 8 a 11 años.A esta edad el uso de medicamentos basados en la imipramina, o la Hormona Antidiurética (Desmopresina spray,vía nasal).También se aplican sistemas de alarmas a la humedad que brinda muy buenos resultados.Niños mayores de 12 años.El tratamiento debe ser más activo, dado que la presencia de enuresis nocturna a esta edad puede generar importantes problemas emocionales.Está indicada la combinación del uso de alarmas y tratamiento medicamentoso

viernes, 25 de mayo de 2007

Alerta sobre tratamientos ineficaces

Cuando uno de nuestros familiares recibe un diagnóstico psiquiátrico (trastornos de conducta,uso de drogas, problemas en el aprendizaje, TDAH, autismo, etc.),parte del proceso normal de adaptación como padres, hermanos, hijos, es la elaboración del duelo, es decir, ese malestar que sentimos cuando nos enfrentamos a una notica desagradable, que implica , en muchas ocasiones, la pérdida de las expectativas que teníamos con el ser querido afectado, así como tambíén, en un principio,la resistencia a los cambios que se presentarán a todos los niveles en nuestra familia; es normal, en un principio, negar o minimizar lo que esté pasando ("el médico es muy joven e inexperto, seguro se equivoca..", "eso me pasa por no tener dinero para ir a una clínica privada..", "mi hijo se porta así por que ha habido muchos cambios..la maestra no lo comprende.."...así, una lista interminable de justificaciones), también que busquemos una segunda y tercera opinión, algún especialista (en el mejor de los casos) que nos diga algo diferente, una mejor expectativa.....

EN ÉSE MOMENTO SOMOS VULNERABLES A LOS CHARLATANES (NOHAY MEJOR ADJETIVO PARA DESCRIBIRLOS), gente sin ética que que se aprovecha de nuestra desesperación para obtener beneficios (económicos en la mayoría de los casos)

Cómo identificarlos?
A continuación doy algunas características de los "especialistas" y sus "tratamientos" de los que debemos desconfiar:

1) Ofrecen curas "milagrosas" que no requieren esfuerzo por parte del paciente y su familia y los resultados se esperan a corto plazo.
2) Sus tratamientos "curan" una gran variedad de padecimientos (por ejemplo "la terapia magnética" que "alivia" artritis, insomnio, obesidad, problemas de la concentración, etc).
3) No nos ofrecen un aval científico respaldado por alguna institución u organización de salud con reconocimiento oficial (como la Secretaría de Salud, la Organización Mundial de la Salud, o alguno de los Institutos de Salud del país).
4)No son (por lo general) especialistas avalados por la SEP o la SSA, IMSS,ISSSTE.
5) La información que nos dan acerca de cómo actúa el tratamiento es vaga.

Qué tenemos derecho a EXIGIRLE a nuestro médico tratante, con el fin de estar seguros de que el tratamiento que recibe nuestro familiar es el adecuado:

a) Que nos muestre los documentos que los acreditan como especialista en el área de salud de la cual requerimos (cédula profesional,diplomas,certificación).
b)Información COMPLETA Y POR ESCRITO, DETALLADA, Y EN UN LENGUAJE ACCESIBLE sobre el diagnóstico, tratamiento y pronóstico de nuestro familiar, siempre que se pueda, AVALADA POR UNA INSTITUCIÓN DE SALUD CON RECONOCIMIENTO OFICIAL (Por ejemplo, folletos del trastorno afectivo bipolar publicados por el Instituto Mexicano de Psiquiatría)
c)El derecho a una segunda opinión si la solicitamos.


Es muy importante continúar actualizandonos, con ayuda y supervisión del médico tratante, sobre los avances en el conocimiento del padecimiento que haya sido diagnosticado en nuestro familiar.

sábado, 19 de mayo de 2007

Obesidad infantil

Obesidad en el niño y el joven
Luis Miguel Dorantes Alvarez
La obesidad se define como el exceso en más del 20 por ciento del peso que le corresponde a la estatura del niño; esto es muy lógico, pues la diferencia en estatura entre dos pequeños de la misma edad puede ser de hasta 15 centímetros en situaciones normales y, por lo tanto, el peso ideal de un niño que mide 1.30 metros será diferente al de uno de la misma edad que mida 1.45 metros.
El diagnóstico de obesidad se basa en la medición del peso del paciente y en el reconocimiento del peso ideal para su estatura; sin embargo, en la mayoría de los casos el exceso de peso del niño es claro y evidente para los padres.
¿Por qué debemos prevenir o tratar la obesidad en los niños y jóvenes?
La respuesta pareciera obvia, pero no lo es; de hecho, la obesidad fue aceptada como parte de la belleza femenina hace algunas generaciones y se ha visto, equívocamente, como un signo de salud en los niños, especialmente en los bebés.
Aunque la obesidad es una alteración que raramente causa la muerte por sí misma, se ha relacionado a una serie de enfermedades que son causa de mortalidad, como la hipertensión arterial y diabetes mellitus que, incluso, pueden presentarse en personas jóvenes; incluso, las alteraciones que conducen a esas enfermedades se inician desde la niñez.
También son conocidas las alteraciones psicológicas que el adolescente sufre debido a la obesidad, como complejos de depresión y falta de confianza en sí mismo.
Vemos con frecuencia cierta resistencia por parte de los padres, e incluso de los médicos, para prevenir o tratar la obesidad de los niños, en parte porque un pequeño gordito es visto por nuestra sociedad como un infante sano y, en parte, porque una conseja popular, también equivocada pero seguida por muchos doctores, es que los niños obesos adelgazan al llegar a la adolescencia. Desgraciadamente, en 6 de cada 10 niños obesos esto no ocurre y el pequeño se convierte en adulto obeso.
¿Cuándo debemos iniciar la prevención de la obesidad?
En la práctica, el método más sencillo para prevenir la obesidad es el tratamiento temprano de los niños que inician un aumento rápido de peso o en los que se empieza a apreciar exceso de peso.
Entre más rápido se advierta, más temprano se podrán tomar medidas y más fácilmente controlar el sobrepeso, independientemente de la edad del niño, ya que las medidas preventivas pueden y deben iniciarse desde la etapa de bebés o lactantes cuando éstos suben exageradamente de peso.
¿Qué medidas podemos tomar para prevenir la obesidad?
En la mayoría de los casos iniciales o leves no es necesaria la intervención médica, y cambios menores y obvios en hábitos de alimentación y actividad física permitirán el control del problema y evitarán que el pequeño se convierta en un obeso.
Es muy frecuente que acostumbremos a los bebés al sabor dulce, agregando azúcar o miel a las mamilas o a los diferentes alimentos y hagamos poco por irlos introduciendo a sabores nuevos de frutas y verduras que son tan necesarias para un hábito alimentario adecuado.
Esto debe cambiar, podemos empezar por eliminar el exceso de grasa, harinas, azúcar, dulces y alimentos chatarra y tratar de sustituirlos por verduras y frutas en forma gradual, manteniendo el aporte de proteínas (leche, carne, huevo) constante a fin de no afectar su nutrición. También hay que tratar de aumentar la actividad física del niño.
En casos de bebés o niños con obesidad moderada a severa o con incremento de peso muy rápido, se requiere la participación del médico, preferentemente especialista, pediatra o endocrinólogo pediatra, para practicar los estudios necesarios a fin de descubrir la causa del sobrepeso y elaborar un programa de reducción acorde con la edad y grado de obesidad.

Abuso Sexual

¿Qué es el abuso sexual?
Se define abuso sexual a la participación de un menor en actividades sexuales, (desde caricias, el tocar genitales hasta la violación, incluida la penetración) sin su consentimiento por no estar física ni emocionalmente preparado para ello. ¿Cuáles son los factores predisponentes para el abuso sexual? Existe por lo general alteración en la dinámica familiar como es una familia incompleta en donde un tercero es el agresor y la niña o niño reemplaza a la madre o al padre, respectivamente como compañero sexual, el agresor presenta variable de las personalidad como inmadurez, baja autoestima, sentimiento de inutilidad, en términos generales es portador de una enfermedad psíquica. ¿Quiénes son los más afectados? No existen estadísticas que nos den una información precisa, sin embargo podemos decir que las niñas son más susceptibles en relación a los niños y que el pico de mayor incidencia en cuanto a edad, uno de cada 5 tiene menos de 12 años y no importa el nivel socioeconómico al que pertenecen. Y hasta en el 90 por ciento de los casos el agresor es un familiar cercano del menor. ¿Cómo sospechar de agresiones ? El cambio de conducta, ante situaciones en donde intervenga el contacto físico, como no aceptar que lo bañen o el aseo en genitales, aislamiento, depresión, baja autoestima, terrores inexplicables ante situaciones cotidianas como el quedarse solo con el agresor. En el adolescente intento de suicidio, apego a conductas delictivas y al llegar a la edad adulta dificultad para establecer una relación sexual sana. Y físicamente con la presencia de infecciones de transmisiones sexual, lesiones en genitales, perdida del control de esfínteres (anal y vesical). ¿Qué hacer con un niño agredido? El tratamiento del menor deber ser multidisciplinario empezando por el familiar a quien el niño haya tenido la confianza de contárselo, ofreciéndole seguridad y apoyo incondicional y nunca dudar ante la menor sospecha o subestimar lo que el niño nos diga, acudir al hospital en donde deber ser atendido como una urgencia, interrogar y explorar en forma integral, así como tomar exámenes de laboratorio con la finalidad de descartar la adquisición de enfermedades de transmisión sexual como gonorrea, sífilis, condilomas acuminados, candidiasis y sida, entre toros. Iniciar al mismo tiempo terapia psicológica, solicitar el apoyo de trabajo social así como reporte del Ministerio Público. ¿Qué debo hacer para evitarlo? Lo ideal siempre será prevención, como el cuidado de los niños, por una persona de entera confianza, y aun así hablarles de los peligros de los que pueden ser víctimas, recomendar no dejar tocar su cuerpo y mantener una relación en donde el menor nos tenga toda la confianza.

Qué es la epilepsia?

Es un padecimiento crónico, de etiología múltiple (la etiología estudia la causa de las enfermedades), caracterizado por presencia de "ataques", convulsivos o provocados, aunque estas dos características pueden o no aparecer. Etimológicamente, la palabra epilepsia significa "ser sobrecogido bruscamente" y se define como una afección crónica que se manifiesta por diversas causas, caracterizada por crisis recurrentes, originadas por una descarga excesiva de las neuronas cerebrales. Desde los tiempos de Hipócrates, se ha intentado borrar la creencia del carácter sobrenatural de este padecimiento, dándole atributos de enfermedad sagrada, sin embargo por temor e ignorancia, el enfermo epiléptico sigue siendo objeto de discriminación en nuestra sociedad. La epilepsia es uno de los padecimientos más comunes de los trastornos neurológicos y representa aproximadamente un 60 a 65 por ciento de la consulta externa del Hospital Infantil. Aproximadamente el 1 por ciento de la población mundial tiene epilepsia y se ha calculado que un 10 por ciento de estos pacientes presentan más de una crisis al mes; paralelamente 5 millones de personas sufren severas discapacidades originadas por las crisis epilépticas. Hasta que no se demuestre lo contrario, la epilepsia debe considerarse como un conjunto de síntomas que se presenta en un importante número de padecimientos del sistema nervioso central, para lo cual el médico deberá buscar las causas que lo originan. La característica clínica más importante de esta enfermedad es la variabilidad de sus manifestaciones, según el tipo de descarga y por otro lado lo impredecible de su presentación y reaparición, con periodos sintomáticos que pueden durar días, semanas, meses o años. La epilepsia se manifiesta en todas las edades, en el 76.8 por ciento se presenta antes de la adolescencia, 16.3 por ciento aparece en el adulto joven, 5.2 por ciento en los adultos y 1.7 por ciento en los ancianos. ¿Quién padece epilepsia? Se ha definido como epilépticos a aquellos pacientes que han sufrido dos o más crisis, que pueden cursar con alteraciones electroencefalográficas. Desde un punto de vista simplista podemos clasificar las crisis epilépticas según sus causas en tres grandes rubros: 1.- Crisis de tipo sintomática, esto es cuando se presenta un síntoma originado por algún proceso dentro del sistema nervioso, como los tumores, o en las secuelas de lesiones como la meningitis o la cisticercosis. 2.- De tipo idiopático (que tiene existencia propia), que aparece en los casos en los cuales existen familiares con epilepsia no sintomática y conllevan algún carácter de tipo genético. 3.- La de tipo criptogénico (enfermedad cuyo origen se desconoce), en las cuales no existe antecedente familiar y se han descartado lesiones dentro del sistema nervioso y la causa de las crisis permanece oscura. ¿Cuáles son los factores de riesgo para que un niño presente eventos epilépticos? Dentro de los factores de riesgo que se presentan están la historia familiar de epilepsia, en el que repercute más la carga genética materna que la paterna, las crisis benignas en los recién nacidos y los síndromes epilépticos por herencia. Entre las enfermedades neurocutáneas (las que se generan en el sistema nervioso y se manifiestan en la piel) más frecuentes que pueden provocar epilepsia, está la esclerosis tuberosa, en la cual se ha reportado hasta un 90 por ciento de incidencia. Alrededor del 10 por ciento de aquellos pacientes que presentan neurofibromatosis y otras condiciones en las cuales existen anormalidades en la migración de los melanocitos (células de base que dan color a la piel) y migración neuronal. Otros factores de riesgo que puede ocasionar eventos epilépticos son los trastornos del metabolismo, las infecciones prenatales, las infecciones virales durante la gestación, reportándose hasta en un 20 por ciento de epilepsia en niños con rubeola congénita, las infecciones por citomegalovirus y toxoplasmosis. Cabe destacar que en los factores perinatales, o en las malformaciones congénitas cerebrales, son altamente frecuentes las convulsiones recurrentes. ¿Qué otras enfermedades producen convulsiones? Entre los agentes que pueden causar convulsiones, se encuentran los traumatismos cráneo-encefálicos, en los cuales se ha estimado que pueden traer como secuelas la epilepsia en un porcentaje de hasta el 7 por ciento; por otra parte, la presencia de sangre dentro del cerebro es un factor muy importante para que existan principios de este mal. Las infecciones del sistema nervioso central, tales como la meningitis, han reportado presencia de crisis hasta en un 30 por ciento en etapa aguda y con persistencia de crisis hasta de un 7 al 10 por ciento, siendo este tipo de eventos de difícil control. Los tumores, especialmente en niños pequeños, rara vez se presentan con crisis convulsivas, pero en niños mayores con tumores supratentoriales (en la membrana que está encima del cerebro), las convulsiones son particularmente un síntoma asociado. Vale la pena señalar que no todas las crisis epilépticas son convulsivas. Para aclarar este punto recordemos las clásicas crisis de "ausencia", en las que el pequeño presenta desconexión con el entorno por breves periodos de tiempo, pudiendo suceder este fenómeno múltiples veces al día. En muchas ocasiones los profesores son los primeros que detectan este tipo de epilepsia, que aunque es un evento generalizado con alteraciones electroencefalográficas, se considera un ataque epiléptico no convulsivo, a diferencia de los eventos convulsivos tónico-clónico generalizados, en donde se observa un paciente que sufre una caída súbita, con movimientos violentos, sacudidas en todo el cuerpo, así como salivación excesiva y relajación de esfínteres. Es importante destacar la gravedad de los pacientes que presentan eventos convulsivos prolongados, ya que su vida corre peligro, por lo que este tipo de casos se consideran como una urgencia médica.

Ausencias (un tipo de Epilepsia)

Las crisis de ausencias constituyen un tipo de epilepsia denominada "Petit Mal".La forma clásica de esta epilepsia se obseva en niños, con cierto predominio en el sexo femenino, debutando entre los 3 y 12 años de edad con picos de aparición entre los 5 y 7 años de vida.
El factor genético es de importancias, siendo los antecedentes familiares generalmente positivos como también los antecedentes de Convulsiones febriles (pero estos últimos en menor grado).
Cuadro clínico básicoDurante las crisis el niño interrumpe en forma breve lo que estaba haciendo, quedando con la mirada fija.Estos episodios son de corta duración (entre 5 y 25 segundos aproximadamente); pudiendo repetirse varias veces al día.
Pueden también observarse durante los episodios otros movimientos como por ejemplo contracciones de los párpados;el tirar la cabeza hacia atrás; leve disminución del tono muscular con o sin caída al suelo, palidez de piel, rubicondez, automatismos, etc.
DiagnósticoEl diagnóstico clínico se debe apoyar en las características del Electroencefalograma.
No se requiere en principio otros estudios como la Tomografía Computada y/o la Resonancia Magnética Nuclear.Esto es debido a que tanto la clínica del paciente como con el estudio encefalográfico son muy precisos en este caso para llegar al diagnóstico.
TratamientoEl tratamiento consiste en el uso de medicación anticonvulsivante, siendo los fármacos de elección el Acido Valproico y la Etosuximida.En caso de resistencia pueden usarse en forma asociada o bien se puede agregar otros medicamentos como el Clonazepan.Los medicamentos anticonvulsivos necesitan de controles regulares en sangre para valorar el manejo de las dosis y evitar aparición de efectos secundarios y/o tóxicos.Es realmente esperable la angustia familiar ante un diagnóstico de Epilepsia, pero es obligación de nosotros como pediatras fomentar que los niños deben llevar una vida sin restricciones, evitando la sobreprotección y la continua demostración de angustia.La gran mayoría de estos niños tienen desarrollo normal de su inteligencia.
Por eso es necesario ser concientes de lo importante de cumplir con la consulta médica tanto con el pediatra clínico como con el neurólogo infantil.Esto llevará a un mejor control de las crisis y a un aumento de la seguridad y autoestima por parte del niño que redundará innegablemente en una mejor calidad de vida.
En los niños con crisis muy frecuentes se debe llegar a un control adecuado de las mismas y así reiniciar las actividades normales para la edad.Recuerde
Control especializado.
Cumplimiento de la medicación.
Vida sin restricciones para el niño una vez controladas las crisis (llegando a ninguna o unas pocas por día).
No a la sobreprotección (visite niño vulnerable).
Paciencia y comprensión.
Si su hijo presenta movimientos anormales consulte con su pediatra de cabecera, él se encuentra capacitado ampliamente para descartar episodios convulsivos o para decidir realizar la consulta con el Neurólogo Infantil de referencia.

miércoles, 16 de mayo de 2007

Ayude a Sus Hijos a Vencer el temor a la Obscuridad

La mayoría de los niños sienten algún tipo de temor durante sus vidas. En la mayoría de los casos estos temores son parte normal del desarrollo. Un temor común es el miedo a la obscuridad. El temor a la obscuridad se manifiesta en varias formas. La más común es el miedo de dormir en un cuarto obscuro. Este temor puede causar dificultades en la familia. Porque ocurre generalmente de noche, este tipo de temor interfiere con el sueño de los otros miembros de la familia.
Lo Que Los Padres Pueden Hacer
Hay muchas cosas que los padres pueden hacer para ayudar a sus hijos a enfrentar y vencer el temor a la obscuridad. A continuación se ofrecen algunas sugerencias:
*Limite mirar programas o películas de terror. Los programas o películas de terror a menudo estimulan la imaginación de los niños, especialmente si se ván a dormir en un cuarto obscuro. Es por esto que los padres deben de eliminar o limitar el número de este tipo de programas, especialmente cerca de la hora de dormir.
*Asegúrese de que sus hijos duerman en su propia cama. Niños que temen a la obscuridad a menudo se ván a la cama de los padres. Este es un hábito difícil de romper, así que es mejor no permitirlo desde un principio. Si el niño se levanta a media noche, los padres deben mandarlo diréctamente a su cama. Tampoco es bueno que los padres se acuesten en la cama de sus niños hasta que el niño o la niña se vuelva a dormir. Esto puede dar al niño la impresión equivocada de que en realidad hay algo a qué temer. Después de mandar al niño o la niña a su cama, los padres deben ofrecer consuelo y ayuda y luego volver a su propia cama.
*Platique con sus hijos acerca de sus temores. Platicando de sus temores muchas veces ayuda a los niños a sentirse mejor. Muchas veces los niños no pueden decir exáctamente a qué le temen hasta que platican de ello. Platicando acerca de los temores también ayuda a los padres a saber exáctamente a qué le temen sus hijos, y qué tan serio es el temor. Esta información ayuda para encontrar maneras para ayudar a los niños a enfrentarse y sobrepernese a sus temores. Los padres también deben aprovechar estas oportunidades de platicar para hacer saber a sus hijos que toda la gente siente temor alguna u otra véz, y que no es malo sentir temor.
*Enseñe conducta que contrarreste el temor. A menudo se les puede enseñar a los niños como combatir su temor, realizando algún tipo de actividad que los calme cuando se sienten temerosos. Por ejemplo, un niño que le teme a la obscuridad puede aprender a respirar lentamente e imaginar algo relajante (ej. jugar), si se levanta a medias de la noche y tiene temor. Escuchando una canción o su música favorita también ayuda a calmar a los niños temerosos.
*Expóngalos gradualmente. Los padres deben alentar a sus hijos a enfrontarse gradualmente al temor a la obscuridad. Los padres deben permitir que sus hijos lo hagan a debido tiempo. No deben forzar a sus hijos a hacer algo que ellos no quieran. Hay muchas formas en que los padres pueden ayudar a sus hijos a confrontar gradualmente su temor a la obscuridad.
>Juegos. Los padres pueden jugar algún juego como a "las escondidas" con sus hijos animándolos a que se escondan en ún cuarto obscuro, o escondiéndose ellos mismos en un cuarto obscuro y dejar que sus hijos los traten de encontrar. "Siguiendo al guía" es otro juego que los padres pueden jugar con sus hijos. Los padres pueden guiar a sus hijos a través de cuartos obscuros. Otro ejemplo de un juego que los padres pueden jugar con sus hijos, es dejar que los niños corran a ún cuarto obscuro y permanezcan allí cada véz por más tiempo. Pueden empezar por unos segundos y aumentar el tiempo poco a poco. Los padres deben recordar de tomar las cosas con calma cuando juegan estos juegos con sus hijos. Deberían esperar hasta que sus hijos se sientan completamente cómodos con el nivel al que son expuestos, por ejemplo, entrar a un cuarto obscuro y permanecer allí diéz segundos, antes de pasar a un nivel más alto.
>Utilice un regulador de voltaje. Los padres pueden conectar un regulador de voltaje en la luz del cuarto del niño. Los padres pueden entonces ajustar la lúz a un nivel que sea cómodo para el niño. Cada pocos dias los padres pueden bajarle a la lúz más y más, hasta que el niño se sienta cómodo en la obscuridad. O los padres pueden darle a sus hijos una linterna y demostrales como usarla para que así tengan una fuente de lúz en caso de que despierten a medias de la noche y sientan temor.
*Enseñe a sus hijos a hablar positivamente de ellos mismos. Decir cosas positivas de uno mismo es un instrumento muy poderoso para los niños. Entre más digan los niños cosas positivas de ellos mismos, mas posibilidad hay de que las crean e incomporen las actitudes positivas que las acompañan. Los padres pueden enseñar a sus hijos a hablar positivamente de ellos mismos en cuanto a sus temores. Por ejemplo, a un niño que le tiene miedo a la obscuridad se le puede enseñar a decir algo como, "No tengo miedo. Solo es obscuridad. Papá y Mamá están en el otro cuarto. No hay nada aquí que me pueda hacer daño."
*Elogia y / o premie el progreso. Los padres deben elogiar a sus hijos por cada paso que toman para enfrentarse al temor de la obscuridad. Los padres pueden establecer un sistema de premios, en el cual determinados pasos resultan en algún premio. Por ejemplo, padre e hijo pueden estar de acuerdo en un tipo de premio (quizás un paseo por el parque) si el niño puede pasar trés noches consecutivas sin levantarse y despertar a sus padres.
*Tabla de progreso. Los padres pueden ayudar a sus hijos a anotar su progreso. Así, el niño o la niña pueden ver por si mismos el progreso que hán logrado.
*Procure ayuda profesional si los problemas persisten. Aunque la mayoría de los temores en los niños son comunes y parte del desarrollo, algunas veces los temores pueden convertirse en un problema. Si el temor a la obscuridad interfiere con la vida cotidiana del niño y la familia, y continúa aún cuando los padres han tomado acciones para ayudar a sus hijos a confrontarlo, sería buena idea consultar ayuda profesional.

Terrores Nocturnos

Un susto nocturno es una disturbio del sueño que puede ser muy desconcertante para los padres. Cuando los niños pasan un susto en la noche, usualmente lloran o gritan y se ven perturbados, como si han tenido una pesadilla. Estos niños se miran aterrorizados. Se sientan en cama, agitando las manos y con un semblante de pavor.
Sustos nocturnos son a veces mas desconcertantes para los padres que para los niños que los padecen. Cuando los padres tratan de calmar a sus hijos durante un susto, a menudo se dan cuenta que sus hijos no los reconocen y no responden a ellos. Esto es porque los niños están aun dormidos. Quizás sus ojos esten abiertos pero en efecto estan todavía dormidos.
Los padres confunden seguido los sustos nocturnos con las pesadillas, cuando en efecto son muy diferentes. Sustos nocturnos son mas raros que pesadillas. Al contrario que las pesadillas, los sustos ocurrren durante períodos de sueño profundo y generalmente suceden en las primeras cuatro horas del sueño. Aunque son raros, ocurren mas seguido entre los cuatro y cinco años de edad, y usualmente cesan como a los ocho años de edad.
Los sustos nocturnos no se consideran de peligro o como causa de preocupación. No se sabe hasta la fecha porqué los niños tienen sustos nocturnos, pero parece que suceden en familias. Tampoco se creé que estén relacionados con el estrés o los problemas diarios de los niños. No són particularmente desconcertantes para los niños porque ellos no se acuerdan del susto la mañana siguiente. La mayoría del tiempo los niños que tienen un susto nocturno se vuelven a dormir en unos pocos minutos.

Lo Que Los Padres Pueden Hacer
*Vaya con sus hijos. Cuando los padres oyen a sus hijos llorar, deben ir a su lado tan pronto como sea posible. Los padres pueden intentar calmar a sus hijos abrazándolos o masajeándoles la espalda. Pueda ser que los niños no se den cuenta que sus padres están presentes, y puede ser que los padres no puedan calmar a sus hijos, pero los padres pueden evitar que sus hijos se puedan lastimar. Los padres deben seguir la pauta de sus hijos, confortándolos si lo necesitan y dejándolos solos si no muestran interés.
*Permanezca con sus hijos. Es importante que los padres permanezcan cerca hasta que sus hijos se vuelvan a dormir. Algunos niños se levantan y caminan durante la ocurrrencia del susto. Si esto sucede, los niños se pueden lastimar facilmente. Sería buena idea que los padres se aseguren, antes de que los niños se acuesten, de que no haya nada en el piso que pudiera causar que los niños se troperzaran si se levantaran y caminaran durante la noche.
*Asegúrese que sus hijos duerman lo suficiente. Los sustos nocturnos suceden mas a menudo cuando los niños están cansados.
*No intente despertar a sus hijos. Mientras que los niños no se lastimen, no hay necesidad de despertarlos. Al intentar esto, los padres pueden prolongar el susto.
*Prenda una luz. Esto ayudará a los padres a calmarse y será reconfortante si los niños despiertan.
*Mantenga la calma. Es importante que los padres traten de permanecer calmados porque su ansiedad puede atemorizar a sus niños si despertaran.
RECUERDE…
Lo mejor que los padres pueden hacer por los hijos que padecen de sustos nocturnos, es permanecer cerca de ellos. Los padres deben estar listos para calmar, ayudar, y proteger del peligro a sus hijos. Los sustos nocturnos pasan rápido. Aunque los sustos nocturnos no deben causar preocupación, los padres pueden consultar a su proveedor de cuidado de salud si tienen alguna pregunta, especialmente si los sustos persisten y / o suceden con frecuencia.

COMO AYUDAR A LOS NIÑOS

Alguna u otra vez, casi todos los niños se enfrentarán a las burlas de sus amigos, compañeros de clase, hermanos, etc. Para muchos niños, las burlas de otros es temporal, y pueden manejarla con el mínimo de dificultad. Para otros, las burlas son más frecuentes. Algunos niños son más vulnerables a las burlas que otros, y son víctima de frecuentes burlas por sus amigos. Esto pueden ser porque el niño se mira diferente que los demás, actúa diferente, o reacciona a las burlas de manera que provoca más burlas. Cuando las burlas son frecuentes, las víctimas necesita la ayuda de los padres. Las burlas pueden causar mucho dolor en los niños, y pueden afectar su amor propio y la manera en que se comunican con otra gente.
Lo mejor que los padres pueden hacer para ayudar a sus hijos cuando se burlan de ellos es enseñarles maneras apropiadas para responder a las burlas. A continuación se ofrecen algunas cosas que los padres pueden hacer para ayudar a sus hijos con las burlas.
*Colecte información. Primero, los padres deben averiguar detalles por medio de sus hijos. Por ejemplo, deben averiguar la razón por las burlas, donde ocurren, como han reaccionado sus hijos, y qué sucede después de la ocurrencia. Los padres deben tratar de llevar una cuenta de esta información por unos días para informarse de lo que provoca las burlas, si sus niños hacen cosas que las provocan, y si suceden regularmente.
*Enseñe respuestas apropiadas. Hay muchas cosas que los niños pueden hacer para responder a las burlas sin burlarse de otros:
>Ingnórelas. Muchos niños burlones se dán pronto por vencidos cuando se dán cuenta que no tienen audiencia. Los padres pueden enseñar a sus hijos a ignorar las burlas dando vuelta y retirándose sin decir nada. Los padres deben asegurarse de que sus niños sepan que al principio el niño burlón tratará más de hacer que el niño reaccione, y que es importante que sean firmes y no reaccionen. No tomará mucho tiempo para que el niño burlón se dé por vencido.
>Aprenda respuestas rápidas. Algunas veces una respuesta rápida confundirá al niño burlón. Pero es importante que esta respuesta no sea en forma de burla o decirle al otro niño un nombre. Si las burlas son a menudo las mismas día con día, los padres pueden enseñar a sus hijos respuestas específicas. Por ejemplo, a la broma "Tu madre usas botas de soldado," el niño puede responder "Qué extraño, mi mamá ni siquiera tiene un par de botas." O si las bromas son diferentes los niños pueden decir, "Yo sé que quieres que me enoje, pero no importa cuanto trates, nó vá a funcionar."
*Práctica. Es importante que los padres practiquen con sus hijos cualquier respuesta que se les ocurra. Pueden actuar ciertas situaciones. Los padres pueden tratar de decirles cosas a sus hijos de la manera en que un niño burlón lo haría, y hacer que sus hijos practiquen las respuestas. Esto no solo ayudará a que los niños se acostumbren a las burlas. Como resultado de la práctica, las burlas son menos efectivas. Esto también ayuda a que los niños desarrollen maneras apropiadas de responder a las burlas. Entre más practiquen las respuestas apropiadas, es posible que las usarán cuando se burlan de ellos.
*Proporcione mucho amor y apoyo. Una vez que los niños encuentren un método que funcione, los padres deben apoyarlos en su esfuerzo. Los padres deben asegurarse de decirle a sus hijos cuán orgullosos se sienten de ellos cada vez que tratan de resolver situaciones burlonas.
*Si las burlas suceden en la escuela o en la guardería, platique con el maestro o la persona encargada de los niños. El o ella puede también ayudar.
Los padres deben tomar en cuenta que tarde que temprano todos los niños serán víctimas de las burlas. En casos donde los niños son muy sensitivos, o si las burlas ocurrren por un período de tiempo, la intervención depende de los padres para ayudar a sus hijos como manejarlas.